Ese coro silencioso


Es algo que salta a mi mente cuando veo, todos los días, en todos los canales de TV, la imagen de una autoridad, vocero o personalidad pública que explica algún proyecto o justifica algo que no salió bien. Casi siempre está rodeada de cinco o más personas, cuya presencia no siempre se explica ni entienden: a veces son ministros, otras simplemente participantes en una reunión. Generalmente siguen con atención lo que dice el protagonista. A veces están de acuerdo y así lo manifiestan, asintiendo en silencio.

Otras veces, en cambio, se distraen, miran a lado y lado y no parecen estar a gusto.
Pueden ser periodistas que están tratando de grabar una “cuña”. Pero también, especialmente en el Congreso, en Valparaíso, es evidente que mientras entrevistan a alguien buscan con la mirada a otro que sea distinto o más polémico.

Me pregunto si a alguien más le llama la atención este coro silencioso de
acompañamiento. Es como un refuerzo destinado a garantizar que la autoridad habla en serio, que está donde dice que está y que efectivamente se hace cargo de lo que se plantea: desborde de un río, caída de un puente o solución -provisoria o definitiva, casi nunca tal- habitacional, educacional o de salud.

¿Qué ocurriría si no estuvieran estos rostros detrás de “el rostro” principal? ¿Se perdería el efecto de lo que se anuncia? ¿Y si alguno de estos acompañantes no respeta su papel? ¿Qué pasa?

Los invito a mirar con ojo crítico estas presentaciones. Algún día alguien se va a salir de libreto y ahí tendremos una gran noticia.

Abraham Santibáñez

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