Por teléfono o “guasáp”

Recuerdo perfecto cuando logramos tener un teléfono en la casa ¡Qué maravilla!
Podía escuchar clarito a mis amigas, pero sobre todo a mi mamá, que no vivía en Santiago. Gracias a ese aparato lograba sentirla cerca y realmente era como si estuviera con ella a diario. Reconozco que en esos años el teléfono fijo en casa era un lujo, porque éramos pocos en el barrio los que teníamos, pero a la vez era una alegría poder prestárselo a las vecinas de vez en cuando y de pasadita aprovechávamos de tomarnos una tecito.

Al principio, como con toda gran novedad, estaba todo el tiempo pendiente de las llamadas, pero sonaba poquito porque aún no era un servicio masivo. Con el tiempo, casi todas las amigas teníamos y pasábamos horas colgadas al auricular. Paralelamente los niños, como eran chicos, se entretenían molestando mientras uno copuchaba y fue ahí cuando aprendí a desarrollar el arte de lanzar pantuflas. Mira que no cualquiera tiene buena puntería y debo decir que era buena buena lanzando pantuflazos ¡Es que daba rabia cuando los cabros no te dejaban escuchar nada! ¿No les pasaba acaso?

También estaba el típico marido que no entendía esto de estar mucho rato hablando… “¡No entiendo por qué no se juntan y conversan, en vez de estar hablando por teléfono, si hasta les saldría más corto”, me decía Pepe día por medio, pero la verdad no le hacía mucho caso porque él era de los que te decía “sí”, “ya”, “no” o “bueno” y la frase más larga era “nos vemos en la casa”. ¿Les suena familiar esta escena? Más de alguna tiene un marido así, apuesto.

Bueno, con el tiempo los niños crecieron y fueron ellos los que jugaban a hacer pitanzas molestando a la gente con frases como “llamo de parte de Alan Brito” y nuevamente se ganaban un pantuflazo, por maleducados. Sé que hoy no es aceptable darles ni un coscorrón, pero en mi época era otra cosa. Que quede claro que no les pegaba, pero si se merecían su correctivo, había que darles su palmada en el trasero ¡y bien que aprendieron, fíjate!. En otra oportunidad hablaremos de ello…

Hoy casi todos andan con celulares con Whatsapp y se les olvida lo importante que fue el teléfono fijo. Si hasta pololeaban por teléfono y ahí sí que comenzaban las peleas porque todos queríamos estar horas hablando, lógico.” ¡Corta tú primero!” (con voz de enamorada) le escuchaba a mi hija unas cinco veces antes de terminar la llamada con su pololo. Igual había que tener valor para llamar a una chiquilla, creo yo. Porque antes no era como ahora que ellas llaman a los hombres. No pues, eran ellas las que recibían las llamadas de los chicos, como debía ser, aunque mi hija me diga que soy anticuada. Y digo que eran valientes, porque se requería valor para llamar. Primero, porque se enteraba toda la familia y no faltaba el papá pesado que agarraba para el leseo al pobre cabro que solo quería comunicarse con su enamorada y pucha que debe haber sido fome para ellos. Unos valientes, porque ahora sólo aprietan un botón y ¡voilà, se armó la cita!

Bueno, toda esta cháchara es para recordar que da lo mismo cómo nos comuniquemos, si por teléfono, si nos juntamos o por último por Whatsapp ¡Porque hay que modernizarse también!. Lo realmente importante es ESTAR para quienes queremos, no necesariamente decir un te quiero, porque a muchos nos cuesta, pero sí demostrar cuánto nos importan y eso se puede hacer incluso con una llamada.

Quiéranse, cuídense y pásenlo bien (en la medida de lo posible), mira que esta vida es para eso y el que diga lo contrario MIENTE.

La Yeya

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